Hoy llegué al Estadio Olaya Herrera en Bogotá, no como autoridad, sino como un ciudadano más, como un hincha que cree en el poder del fútbol para reunir a las familias y sembrar esperanza. Este escenario histórico es mucho más que una cancha: es memoria, barrio y tradición; es el lugar donde aprendimos a compartir, a respetarnos y a soñar juntos. Desde la tribuna, rodeado de mi familia, de niños, jóvenes y adultos mayores, confirmé que la paz también se vive así: con un balón rodando, con sonrisas compartidas y con la certeza de que el deporte gana el terreno a la violencia.
El Torneo del Olaya es una expresión viva de comunidad, un recordatorio de que somos más los que elegimos el juego limpio, el abrazo y la convivencia. Aquí, en medio del barrio y bajo el sol de domingo, se construye una Colombia en paz. El evento reafirma que el deporte sigue siendo la herramienta principal para fortalecer los lazos sociales y proyectar un futuro de armonía desde los escenarios más tradicionales de la capital.